¿Buscas una manera de adelgazar sanamente, y, lo que es más importante, para siempre?

Esto puede parecer casi imposible.

Es más difícil mantener el peso una vez se ha llegado al peso ideal, que adelgazar para llegar a ese peso ideal.

La tendencia es a volver a recuperar el peso perdido, e incluso a acabar con más kilos que al principio.

Por eso yo hago mucho hincapié en ello.

En encontrar los mecanismos interiores que te lleven al mayor exponente de salud relacionado con el peso: mantener el peso estable en el tiempo.

 

Veamos cuál es uno de estos mecanismos.

 

Las necesidades

Cuando deseas comida, es porque hay una necesidad detrás.

La primera que hay que chekear es la más obvia:

«¿necesita mi cuerpo comida?»

Para muchas personas esto es sencillo de saber.

Para otras no tanto.

Si de pequeña te obligaban a comer aunque no tuvieras hambre, a terminar todo lo del plato quisieras o no… es posible que perdieses el contacto con las sensaciones físicas que te indican si tu cuerpo necesita comer.

Si de mayor hiciste dieta con frecuencia, guiándote para comer por indicaciones externas, y no por tus sensaciones internas de hambre y saciedad, también esto te pudo llevar a desconectar de esas sensaciones.

Si estás desconectada de tus señales internas de hambre y saciedad, el ponerte a la escucha puede ayudarte a reconectar. Las señales siguen ahí, simplemente pon el oído y pon paciencia. Lleva algún tiempo.

 

Si te das cuenta de que tu cuerpo no necesita comida, entonces es necesario ponerse a la escucha de qué nos está diciendo ese deseo de comida.

 

Porque, no olvides:

«Detrás de cada deseo, hay una necesidad»

 

Y si la necesidad no es que tu cuerpo necesita nutrientes, entonces ¿cuál es?

Aquí entramos en un terreno muy amplio, pero podemos hacer una diferenciación básica:

  • Comer para conseguir sensaciones positivas
  • Comer para aliviar sensaciones negativas

 

Ejercicio

En la siguiente ocasión que te entre hambre hazte el regalo de Parar.

Esto puede ser difícil, pero serán un par de minutos, y no te estás pidiendo no comer, tan solo darte un espacio antes de hacerlo, y luego decidir si lo haces o no.

  1. Comprueba:

– ¿Es hambre física? Si lo es, entonces come aquello que tu cuerpo necesita en la cantidad que necesita.

  1. Si no lo es, entonces pregúntate:

– ¿Qué necesito?

Puede ser que necesites sensaciones o emociones positivas: placer, emoción, diversión, estímulo, cariño, seguridad…

Puede que necesites aliviar sensaciones o emociones negativas: soledad, aburrimiento, estrés, ansiedad, ira, baja autoestima, cansancio, sueño…

  1. Una vez que te des cuenta de qué es lo que estás necesitando realmente, date permiso para sentir y acoger esa necesidad.

Yo hace unos días me sentía realmente mal. Me paré, y me di cuenta de que necesitaba descanso. Pero peor que necesitarlo era no hacer hueco a esa necesidad, ni darme permiso para sentirla.

Eso no significa que inmediatamente me vaya a poner a dormir una siesta o a tomarme unas horas. A veces no se puede de manera inmediata atender a lo que se necesita.

Pero cuando acoges tus necesidades, el primer efecto es la sensación de paz interior. No vale la pena que me extienda en tratar de explicarte esto. De verdad que esa sensación de paz hay que experimentarla.

 

  1. Atiende a tu necesidad de manera flexible en la manera en que puedas.

No conviene atender ni llevar a cabo todos los deseos. Pero conviene atender a todas las necesidades. La necesidad se puede atender de maneras variadas. Hay necesidades que incluso se ven satisfechas simplemente con prestarles atención.

«Necesito descansar»

«Necesito dejar de sentirme mal»

«Necesito diversión, me aburro»

«Necesito que me demuestren cariño»

«Necesito reconocimiento»

Exprésalo de la manera que mejor te venga, con frases breves o de forma más extensa. Lo importante es que realmente hagas hueco a esa necesidad, que te sientas con derecho a necesitar.

Hay personas que se sienten egoístas si piensan en sus necesidades. No ya si las expresan o hacen algo para cubrirlas, si no simplemente por volver la mirada hacia ellas.

Sin embargo, es un acto de generosidad hacerlo. Cuando se atiende a lo propio es cuando se está realmente dispuesto sin reservas para los demás.

No se trata de » o lo tuyo o lo mío». Se trata de lo de ambos.

 

¿Y la comida?

¿Qué ocurre con el deseo de comer cuando se hace este ejercicio?

Pues ocurre que a corto plazo, cuando se atiende a la necesidad, se le presta atención, se acoge… la lucha interior cesa. Y esto en ocasiones hace que la sensación de hambre se alivie o desaparezca.

Y a largo plazo puede contribuir a que realices determinados cambios que te lleven a una vida más en tu línea, más auténtica, y esto contribuya a que necesites menos o nada de la comida para modular tu estado emocional.

 

La necesidad de conexión contigo

Al final, creo que lo más importante, lo que más ayuda y de lo que se trata con este tipo de ejercicios centrados en las necesidades, es de vivir en permanente conexión con una misma.

Esa es la necesidad primera, la que te lleva a tener una vida auténtica y plena, en la que no necesitas de la comida para desahogar nada, ni para tapar nada.

 

Una vida en la que no se cumplen todos los deseos, ni falta que hace.

 

Espero que este artículo te haya sido de utilidad. Un abrazo.