Este dicho zen es una de las claves para llevar una relación con la comida beneficiosa y realmente satisfactoria.

Es muy simple, ¿no te parece? Y sin embargo, muy difícil de seguir para muchas personas.

¿Cómo seguir esta indicación cuando comer se utiliza para la regulación emocional?

Y también , ¿cómo seguirla si ni siquiera sabes cuándo tienes hambre?

No es extraño tener tal desconexión de las propias sensaciones corporales.

Durante la infancia los adultos bienintencionados enseñan que hay que comer todo lo que hay en el plato, y no hasta que estás lo suficientemente lleno y saciado.

De adultas, las dietas hacen que nos sigamos guiando por señales externas.

¿Cómo, entonces, reconectar, y guiarnos sabiamente utilizando toda la información que llevamos en nuestro interior?

 

La confusión y la claridad

Una amiga muy querida está centrada entre otras cosas, en obtener claridad mental para dirigirse en su vida.

A algunas personas el obtener una mayor conexión consigo mismas, les proporciona muchísima claridad.

Y cuando digo conectar consigo, me refiero a hacerlo con las propias emociones y sensaciones.

A la hora de tomar decisiones, el cerebro racional, si lo dejamos solo es casi nulo.

Sé que te sonará extraño, pero sin ayuda de las emociones, las sensaciones corporales y la intuición, la razón las pasa negras a la hora de decidir.

Existen muchas pruebas de esto.

Por ejemplo, hay personas que debido a lesiones cerebrales son incapaces de acceder a sus emociones; simplemente no sienten nada.
En tales casos se hace muy evidente su dificultad para tomar decisiones, incluso en los temas más nimios, como decidir si esta tarde limpio la cocina, voy a comprar o quedo para tomar un café.

Un hombre con este tipo de lesión, al finalizar su visita al médico era incapaz de decidir cuándo le vendría bien poner la siguiente cita.

No hace falta tener una lesión física para sentir confusión.

Basta que ignores toda esa información.

Toda esa información es la mayor fuente de sabiduría que existe.

La información externa, proveniente de expertos, investigaciones, ciencia, es muy útil. Pero como única recurso para tomar decisiones, genera mucha confusión.

La confusión y la claridad en tu alimentación

En la alimentación, guiarse únicamente por información externa produce ese efecto de confusión.

«¿Debo comer hidratos o no?  ¿Cuántos hidratos?  ¿Qué cantidad de proteína me corresponde al día?

¿Cómo un trozo de tarta? ¿Esto es sano? ¿Qué debo comer?  ¿Cada cuánto comer?»

Hoy en día es factible guiarse únicamente por la información externa a la hora de alimentarse; hay mucha información y muy disponible.

Es muy positivo que exista toda esa información, dado que en nuestro entorno no nos podemos guiar por nuestro instinto natural (instinto adaptado a otro tipo de condiciones). No podemos guiarnos por nuestro deseo natural de comidas cargadas de hidratos de carbono y grasas.

Entonces ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo guiarnos?

Lo más inteligente es utilizar ambos tipos de sabiduría, la interior y la exterior.

Extraer lo mejor de la información respaldada por la ciencia.

E integrarlo en la sabiduría proveniente de tu interior.

Esto te proporcionará una seguridad y claridad inigualable a la hora de tomar decisiones en cuanto a tu alimentación.

Decisiones en cuanto a:

  • Cuándo comer
  • Cuándo parar de comer
  • Qué comer

Información accesible

Y para obtener esta claridad a la hora de tomar decisiones, ¿a qué información interior hay que atender?

Si estás desconectada de tus sensaciones internas, es importante tener en cuenta que toda la información que necesitas está ahí, siempre lo ha estado.

Todas las personas nacemos con la capacidad de comer guiándonos por las señales internas, y así lo hacemos al principio. Pero en muchos casos, debido a la educación recibida (por parte de madres, padres y cuidadores en general bienintencionados y preocupados), se va dejando de escuchar toda esa información.

Pero sigue ahí, disponible para ti, solo que has perdido la práctica de escucharla.

La información relevante con la que tienes que volver a conectar es la relativa a:

  • Tu nivel de hambre
  • Tu nivel de plenitud
  • Tu nivel de saciedad
  • Tu nivel de satisfacción
Tu nivel de hambre

Lo primero es conectar con tus niveles de hambre.

Es importante darse cuenta de que no todo lo que experimentamos como hambre, es realmente hambre.

Muchas veces lo que hay detrás es una necesidad de placer, o la comida usada como estrategia para afrontar emociones o situaciones.

Así que es necesario empezar por distinguir cuándo es hambre física realmente.

¿Cómo se manifiesta el hambre física?

Se manifiesta a través de las señales del estómago, pero sobre todo a través de las señales que nos envía el cuerpo en general.

Al fin y al cabo el estómago cuando empieza a gruñir, doler… es en las horas a las que está acostumbrado a recibir comida.

A nivel corporal, el hambre se manifiesta a través de diferentes señales.

Cuando tu organismo necesita comida puedes sentir: una debilidad súbita, irritabilidad, mareo, dolor de cabeza…

Además el hambre física admite ser saciada con una variedad grande de alimentos, y no se experimenta como algo repentino y urgente.

Si a lo largo del día vas llevando la atención a las señales que te envía tu estómago y tu cuerpo, puedes empezar a conectar nuevamente con esa sabiduría inmensa que llevas en tu interior.

¿Percibes tus señales de hambre física? ¿Las distingues del hambre emocional?

Un abrazo,

Aprovecho para dejarte un enlace a una entrevista que me hicieron en APerderPeso . En ella doy mi visión habitual acerca de este tema de la alimentación y el peso.