Que levante la mano quien creciera con la norma: «Tienes que terminar toda la comida del plato»

Somos unas cuantas y unos cuantos los que tuvimos que escucharla y acatarla.

En mi caso, la tenía grabada a fuego.

Hace tiempo me hice consciente de que no me ayudaba en absoluto a cuidarme y a sentir bienestar. Seguir comiendo cuando ya mi estómago está lo suficientemente lleno y mi cuerpo nutrido, va en contra de mi deseo de cuidar mi salud y mantener un peso adecuado para mi. Pero el darme cuenta de todo esto no fue suficiente para que esa norma dejara de arrastrarme.

 

 

Me seguía sintiendo mal si dejaba comida en el plato. Y por más que intentase ajustar las cantidades que me ponía, había muchas ocasiones en que mi cuerpo y mi estómago me decían que ya era suficiente cuando aún quedaba comida.

Así que me puse manos a la obra para debilitarla, y a día de hoy ya estoy libre de ella. ¡Y qué bien me sienta el ir dando pasos hacia poder dar a mi cuerpo y a mi estómago lo que realmente necesitan!

¿Por qué se mantiene una norma que nos hace daño?

Piensa en cualquier norma que tengas y que no te resulte beneficiosa. Puede ser esta de terminar todo lo del plato u otra, como:

  • tener que ser amable con las personas mayores
  • ayudar a alguien cuando está en apuros
  • no ser egoísta.

El caso es que todas ellas pueden sonar muy bien. Pero cuando son inflexibles, rígidas, sin excepción ( y esa es una de las características de las normas ), deja de sonar así de bien.

Y es que la norma te obliga a:

  •  comer todo lo del plato incluso cuando ya estás llena
  • a ser amable con personas que tal vez no te están respetando
  • a ayudar incluso cuando no eres responsable de algo ni te viene bien hacerlo
  • a no poder cubrir tus necesidades y deseos a poco que entren en conflicto con los de los demás.

Estando claro que determinadas normas no nos hacen bien, ¿qué hace que se mantengan y sigan dirigiendo nuestra conducta?

Pues algo tan simple como el no haberlas cuestionado.

La mayoría de las normas nos las transmiten en la infancia y la adolescencia. Y durante la propia adolescencia y primera juventud, hay que hacer un trabajo muy importante y que a las mamás y los papás muchas veces les trae de cabeza: el cuestionamiento de esas normas.

Cuestionarlas no significa rechazar seguirlas solo porque me las están intentando imponer. Cuando hacemos esto, la norma nos está dirigiendo tanto como si la seguimos a ciegas.

Cuestionar una norma es:

  • analizarla
  •  comprobar si esa norma va conmigo, con mis valores y metas
  •  darme cuenta de si estoy de acuerdo con ella o no
  •  ver si el camino por el que me lleva es el que prefiero o me conviene.

Y entonces, decidir si me quedo con la norma o la deshecho.

Esto puede no ser fácil de hacer, y es que las normas nos dan seguridad, nos conectan con las personas que nos cuidaron, lo más cómodo es seguirlas…

Pero cuando una norma está siendo realmente dañina, vale la pena pasar por este proceso de cuestionamiento.

¿Cómo debilitar una norma que nos está haciendo daño?

Voy a darte algunas ideas sobre cómo eliminar normas que te perjudican pero, en primer lugar, no luches con tu inconsciente: las normas dan seguridad, y la sola idea de perderlas produce miedo. El cambio siempre produce resistencia, por eso vamos a hablar de debilitar o flexibilizar las normas, nunca de eliminarlas (aunque en realidad, cuando flexibilizas una norma, cuando realmente consigues hacerlo, la norma ha desaparecido).

Más abajo te mostraré en concreto cómo logré flexibilizar ( quitar ) mi norma de tener que comer todo lo del plato, pero antes de daré algunas ideas que se suelen utilizar en general para los «Debo», «Debería», «Tengo que», ….

Sugerencias para el cuestionamiento de las normas:

  • Resulta útil darse cuenta de que en el terreno de lo personal, hay opiniones muy variadas sobre lo que es correcto y lo que es incorrecto. Lo que está mal para mi, puede estar bien para otras personas. El percibir esto ayuda a darse cuenta de que esa norma que tenemos puede estar equivocada.
  • Ayuda a debilitar las normas el darse cuenta de la diferencia que hay entre sentir algo como una obligación, y sentirlo como algo que prefiero, elijo, me conviene, decido hacerlo.
  • Muchas veces seguimos normas sin sentido como intentando agradar a una imaginaria figura de autoridad. Pregúntate, ¿a quién intento agradar cuando sigo esta norma?
  • Nos podemos preguntar: ¿Quiero hacerlo? ¿Lo deseo de verdad? ¿Lo hago movida por el sentimiento de obligación, o porque de verdad he decidido hacerlo?
  • Reflexiona sobre el engaño emocional que producen las normas. Si consigues cumplirlas sientes gratificación y relajación (momentáneas). Si no, sientes culpa, frustración , abatimiento. Esto te mantiene enganchada a las normas, no el verdadero beneficio que te traen.
  • ¿De dónde proviene esta norma? ¿Qué sentido tiene? ¿Para quién es o fue beneficiosa? Si las normas existen, es porque son útiles. En el día a día tomamos cientos de decisiones, y pararnos a tomar conscientemente cada una de ellas sería inviable. Por eso son tan útiles los automatismos. Las normas son un automatismo que nos indica que hagamos algo porque nos conviene. Pero a veces los automatismos fallan, y entonces es cuando hay que salir del piloto automático, que es justo lo que estamos haciendo ahora.

 

cómo debilité mi norma de tener que  comer todo lo del plato

Lo expreso en primera persona, «Cómo debilité…», y no «Cómo debilitar…», con toda la intención.

Y es que en esto de modificar los pensamientos hay algo fundamental: tienes que encontrar tu propia manera. Existen desde luego unas directrices básicas, y un procedimiento, pero tan importante como saber aplicar todo eso es que la persona se escuche y vaya comprobando si la nueva forma de pensar le llega, le convence, le es útil.

Así que te voy a contar cómo lo hice yo, y tal vez alguno de los pensamientos alternativos a los que yo llegué te sean útiles tal cuál, o tal vez simplemente te sirvan de inspiración para explorar tu propia forma de cambiar.

Vamos a ello:

  • En primer lugar estuve abierta a escuchar a personas que no tienen esta norma. Pregunté un poco por aquí y por allá, y me encontré con algunas personas que cuando están llenas, o no quieren comer más, simplemente no comen más, quede lo que quede en el plato. Escuchar esto me hizo bien, y experimenté eso de que las normas personales no son verdades universales.
  • Después contesté a la pregunta de: ¿De dónde viene esta norma? ¿Qué sentido tiene? ¿Para quién es o fue beneficiosa?En mi caso, está claro que esta norma fue muy útil para generaciones anteriores a la mía. Mis padres no llegaron a pasar hambre, pero sí mucha escasez, y los que fueron un poco más mayores que ellos sí pasaron auténtica hambre. En esas circunstancias esta norma es muy útil. Nunca sabes si la siguiente comida va a ser suficiente, o cuándo volverá a haber algo de comer. Vale la pena acumular en el cuerpo lo que se pueda. En etapas de escasez incluso aunque no sea grave, es importante no tirar comida. Y cuando se deja comida en el plato, no hay porqué tirarla, pero es muy posible que acabe en la basura. Así pues, esta norma ayudaba a prevenir el riesgo del infrapeso, y era favorable a la economía.
  • Esto que yo percibo como una obligación, ¿es algo que me conviene, que elijo o prefiero?Es claro que en mis circunstancias actuales, esta norma no me conviene. Dada la abundancia actual de comida, y el acceso fácil a alimentos muy calóricos, me conviene comer hasta que mi cuerpo esté saciado, y (en general) nada más. Lo que antes era bueno para prevenir problemas de salud (comer de más, ignorando si estabas lleno o no), si ahora lo sigo, me puede traer problemas de sobrepeso y salud. La comida que me sobre, no tengo porqué tirarla, pero aunque lo haga, el perjuicio económico de ello no es nada comparado con el perjuicio económico (por no hablar a otros niveles) de tener sobrepeso o mala salud. Así que no es algo que yo prefiera, o elija, o me convenga.

Al ir haciendo este trabajo, pude percibir que el mayor conflicto provenía de la posibilidad de acabar tirando comida. El reflexionar sobre ello, y darme cuenta de que el perjuicio económico de tener mala salud o sobrepeso es superior, fue lo que más ayudó a derruir la norma.

Y entonces, decido si me quedo con la norma o la deshecho.

Claramente, deshecho la norma.

En los siguientes días, fui probando a seguir mis sensaciones de saciedad, aunque quedara comida en el plato. En ese momento, si aparecía malestar, me iba recordando todo lo dicho anteriormente, hasta que dejaba de sentirme mal con ello.

Y ahora lo tengo ya bastante automatizado.

Y por último:

No hagas caso a nada de lo que te contado en este artículo,

y a esto que te estoy diciendo ahora, tampoco.

(Esta es otra forma de decir que hagas lo que te de la gana vaya)

 

Y ahora es tu turno, que me pongo a hablar y me quedo sola (espero que no literalmente ;D ).

¿Cuál es esa norma que te está perjudicando y aún así no eres capaz de quitarte de encima?

¿Qué te lleva a hacer?

¿De dónde proviene? ¿Qué sentido tiene?