No es posible, ni tampoco interesa, controlar las emociones para poder sentirse bien de manera permanente.

Sentir paz, placer, alegría, entusiasmo, seguridad… es deseable. Pero a pesar de la imposibilidad de mantenernos de modo permanente en ese polo del espectro emocional, lo intentamos.

Con esos intentos, que a la corta parecen funcionar, a la larga nos traemos mucho sufrimiento.

El intento de aferrarse a las experiencias internas agradables (sensaciones agradables, emociones agradables) puede adquirir muchas formas. Una de ellas es la adicción.

Se puede tener adicción a multitud de comportamientos o sustancias. Puede que tu forma de escapar de las sensaciones negativas y buscar las positivas sea fumar, comer, los videojuegos, las compras, o buscar el reconocimiento social.

No importa la forma concreta que adquiera, la cuestión es que eso de lo que escapas, siempre vuelve. Siempre. Así que una y otra vez tienes que encender un cigarro, comer un bollo, ir al ordenador, buscar una tienda, o hacer algo que despierte admiración en los demás.

Ahora es cuando toca decir que es importante que permitas que tus emociones, sean cuáles sean estén ahí, que las escuches, que todas son valiosas y bla, bla, bla…

Bien, todo eso es cierto, y es un punto al que hay que llegar.

Pero he aprendido algo más.

He aprendido que las emociones difíciles y en general, la vida emocional que hay en nuestro interior, hay que aprender a sostenerla, para así poder sostenerla.

Si no hemos podido aprender a a crear esa base de seguridad sobre la que sostener nuestra vida emocional, vamos a necesitar muletas: la comida, las compras…

Ahí es donde radica la diferencia entre sentirse bien, y estar bien.

No podemos aspirar a sentirnos bien todo el tiempo, y perseguirlo acarrea sufrimiento.

Pero sí podemos aspirar  a estar bien todo el tiempo. Estar bien a pesar de sentirse mal, estar bien sea cual sea la emoción que predomine en ese momento.

Esa sensación básica de estar bien, es el soporte sobre el que vamos a poder gestionar adecuadamente nuestras experiencias emocionales.

 

estar bien: cómo cultivarlo

El estar bien es necesario cultivarlo, tanto en una misma como en los hijos, o en cualquier otro niño sobre el que tengas influencia.

Seguro que hay diversas maneras de cultivarlo; yo he ido, de manera intuitiva, profundizando en dos de ellas. Son las que utilizo, tanto a nivel personal, como con mis clientas y clientes.

 

1.Cuida tu autoestima

La primera de ellas es el trabajo con la autoestima.

Aceptarte incondicionalmente. Sentir la paz interior de no tener que cumplir ningún estándar para sentir que te valoras. Saber que mereces todo lo bueno que te ocurra y que puedas obtener en la vida. Estar a tu lado y de tu lado pase lo que pase. No poner las necesidades de los demás por delante de las tuyas…

Todas esas sensaciones y actitudes hacia una misma son las que están ahí cuando se posee una autoestima sana.

Para llegar a tener una sana autoestima es necesario, entre otros:

  • reducir la autocrítica patológica y transformarlo en un autocuidado eficaz
  • valorar de manera habitual los propios logros y virtudes
  • aprender de los errores al tiempo que te das apoyo y comprensión
  • tratarse con amabilidad y cariño, en especial cuando las cosas no van bien…

Si recibiste ese trato durante tu infancia y adolescencia, seguramente lo tienes integrado y te tratas de esa manera. Si no fue así, es algo que puedes aprender; cuesta pero es la base de una buena relación contigo mismo.

 

2. La práctica budista

La otra vía que he explorado que nos ayuda a crear esa base segura desde la que experimentar las emociones y sensaciones internas, es la práctica budista.

Hace algunos años que la filosofía y las prácticas de meditación budista entraron en la psicología occidental, y actualmente se utilizan, respaldadas por una buena cantidad de investigación científica.

En el budismo existe un concepto denominado sukha, que se corresponde con ese estar bien del que estoy hablando.

Matthieu Ricard, en su libro «En defensa de la felicidad», nos explica en qué consiste sukha.

Mattieu Ricard es un monje budista que ha escritos varios libros, y quizá lo que le hizo más famoso fue el ser considerado como la persona más feliz del mundo.

Un equipo investigador de la Universidad de Wisconsin, realizó un estudio de 12 años sobre meditación y compasión, en el que participó Ricard como sujeto. Colocaron electrodos en su cabeza y mediante resonancia magnética midieron la actividad del cortex pre-frontal izquierdo; la actividad en esta zona es indicativa de la tendencia a sentir emociones positivas y al estado de felicidad. La actividad en esta área del cerebro se mide en una escala de +0.3 a -0.3 . El extremo de -0.3 se considera un estado de beatitud.  El monje alcanzaba resultados de –0.45, nivel nunca registrado en otro ser humano.

De acuerdo con Ricard, sukha es un estado adquirido de plenitud subyacente en cada instante de la existencia y que perdura y abarca todas las alegrías y pesares. Es una felicidad tan profunda que nada puede alterarla, un estado de sabiduría y de conocimiento. La experiencia de sukha va acompañada de una disminución de la vulnerabilidad ante las circunstancias, sean buenas o malas.

Tal y como indica Ricard, aunque la traducción de sukha en nuestro idioma sería bienestar, es sin embargo una palabra que ha ido adquiriendo connotaciones de comodidad material, tranquilidad, ausencia de preocupaciones… y no sirve para indicar el verdadero significado de sukha.

¿Cómo cultivar sukha mediante las prácticas budistas?

Existen dentro de la tradición budista, una amplia variedad de meditaciónes y visualizaciones, que nos ayudan a alcanzar ese estado permanente.

Yo he explorado tanto mindfulness como compasión. Mindfulness y compasión son como las dos alas de un ave. Ambas son necesarias para poder volar.

El estado de mindfulness o atención plena, nos conecta con el presente. Ese estado de presencia conduce a la sabiduría, y la investigación indica que reduce la impulsividad, la ansiedad y la depresión, y mejora el autocontrol, entre muchos efectos beneficiosos.

La compasión, hacia uno mismo o hacia los demás, supone ser consciente del sufrimiento, ser consciente de que todos los seres humanos sufrimos (es una experiencia que todos compartimos), y hacer lo posible por aliviar ese sufrimiento.

Estas son las diferentes vías que yo practico y exploro, para ayudarme a conseguir una mayor independencia emocional, equilibrio y seguridad interior.

Y tu,

¿Notas que a veces las emociones te arrastran hacia comportamientos de los que luego te arrepientes, como comer en exceso, comportamientos agresivos, compras, mucho tiempo ante una pantalla, tabaco…?

¿Cuál podría ser tu vía para regular tus emociones sin necesidad de estas muletas?

Un fuerte abrazo,

Bea